DERECHOSSOCIEDAD

Las mujeres de la Cañada Real: entre la realidad y la resistencia a los desafíos

Las mujeres han liderado la protesta vecinal por la imposible situación que vive la Cañada Real, en Madrid, sin apenas electricidad desde hace meses. Con su lucha, las vecinas de la Cañada han vuelto a poner en el mapa un lugar olvidado por las autoridades

AYHAM GHAREEB – MOHAMMAD SHUBAT

La Cañada Real, barrio que se extiende a lo largo de 16 kilómetros al sureste de Madrid, es el mayor asentamiento irregular de toda Europa. En este lugar, donde no hay servicios públicos y escasean las oportunidades laborales, residen alrededor de 900 familias, unas 7.500 personas. Se distribuyen a lo largo de seis sectores, pero se considera que los sectores 5 y 6, los más cercanos al área de Valdemingómez, son los más empobrecidos. En estos sectores, donde un 80% y un 40 % del total de los habitantes, respectivamente, son población marroquí -el resto lo componen principalmente población gitana y rumana-, llevan ya seis meses sufriendo la interrupción del suministro eléctrico por parte de la empresa que provee de energía a la zona. Según la compañía, el corte se produjo tras observar sobrecargas de la red por uso de la electricidad para cultivar plantaciones de marihuana, aunque los vecinos niegan que ese sea el motivo. Los cortes están causando graves problemas en la vida diaria de los vecinos y vecinas de la Cañada, sobre todo durante el que ha sido uno de los peores inviernos en décadas en Madrid. Al sector 5, la electricidad regresó hace solo días, mientras que el 6 sigue a oscuras en la actualidad.

Aunque la primavera, con sus temperaturas más clementes, ya ha llegado a la capital, durante meses los vecinos no han tenido modo de calentarse, agua caliente para ducharse ni forma de lavar la ropa; y aunque la nieve del temporal Filomena se haya derretido hace semanas, los niños y niñas siguen sin tener luz para hacer los deberes tras la caída del sol, denuncian las madres de algunos de estos menores, que desde hace meses multiplican los llamamientos a las autoridades para que les devuelvan la corriente eléctrica. En lucha contra la injusticia, las voces de las mujeres marroquíes se han escuchado fuertes en su reivindicación del derecho a una vida digna. 

Fatmima, una de las vecinas de la Cañada Real © Muhammad Shobat

“Somos gente trabajadora”

Aunque la Cañada Real se asocie demasiado a menudo a drogas y pobreza, la Cañada es mucho más que eso y sus vecinas luchan contra el estigma. Como en  cualquier otro lugar, en esta zona de Madrid la gente se levanta todos los días para ir a trabajar y así poder alimentar a sus familias, insisten También es un lugar donde, pese a las dificultades y la falta de infraestructuras básicas, los niños juegan y se divierten en la calle y las personas mayores salen a pasear. Es un lugar donde se hace vida.

La Cañada Real no es solo un lugar de drogas y gente mala. Somos gente trabajadora, y trabajamos muy duro para hacer llegar nuestra voz, nuestro arte y nuestra cultura a esta sociedad. No aceptamos la imagen estereotipada que tiene este lugar. Que haya gente mala o negativa en un lugar no quiere decir que todos los demás seamos igual, afirma Rahma, mujer marroquí que lleva 17 años en España y desde 2006 vive en el sector 6. 

En 2014, Rahma y sus amigas crearon una asociación de mujeres. La  llamaron Asociación de Mujeres Árabes Luchadoras (AMAL, que significa esperanza en árabe). Esperanza, por ser lo que necesitan esparcir entre los escombros de este pobre y cansado lugar.  La idea la tuvieron después de haber sido voluntarias durante mucho tiempo con asociaciones que trabajan en el sector 5. Amal es considerada como la primera asociación de mujeres de la Cañada Real. 

Un grupo de mujeres camina por una calle embarrada en el sector 5 de la Cañada
© Muhammad Shobat

Rahma y sus compañeras trabajan cada día para cambiar la imagen y la realidad de este lugar: Las dificultades a las que nos enfrentamos aquí nos han dado una fuerza extra para continuar nuestra lucha. Intentamos, como mujeres, ser la voz de este lugar. Reflejamos nuestra cultura y mostramos la capacidad de convivencia que existe en nosotros, asegura. Aquí tenemos muy buenas relaciones de convivencia entre todas las nacionalidades, especialmente entre nosotros y nuestros vecinos gitanos, que nos llaman primos. Hemos desarrollado muchas actividades culturales juntos y ahora nos enfrentamos a las mismas dificultades

“Las dificultades a las que nos enfrentamos aquí nos han dado una fuerza extra para continuar nuestra lucha. Intentamos, como mujeres, ser la voz de este lugar.”

El trabajo de AMAL se centra en empoderar a las mujeres en la sociedad. Desarrollan cursos de formación profesional, cursos de español y de lengua árabe, así como actividades deportivas y musicales. También empezamos a ofrecer sesiones de yoga para que las mujeres salgan del estrés de la vida, ayudamos a los niños con sus deberes del colegio… y todo esto sin recibir ninguna ayuda. Nos sustentamos únicamente con las donaciones de los miembros de la asociación, recuerda Rahma, hoy presidenta de esta  asociación que cuenta con unas 30 integrantes, todas mujeres y principalmente marroquíes, aunque también las hay de otras nacionalidades.

“¿Por qué de repente no podemos vivir aquí?”

La construcción de los sectores 5 y 6 se produjo sin permiso municipal, y por ello sus habitantes sufren muchísimos problemas, como los derivados de la falta de servicios públicos, como transporte o centros sanitarios. Las viviendas están construidas con materiales de mala calidad, las paredes tienen agujeros y muchas casas, humedades por dentro. Además, el vertedero ubicado muy cerca de las viviendas hace que las condiciones sanitarias sean pésimas.

Zahra, en la cuarentena, es una mujer nacionalizada española de origen marroquí que vive con su familia en el sector 6 desde hace 25 años. Su marido construyó la casa en la que viven con sus propias manos y con ayuda de los vecinos. Solo había un par de casas por entonces y grandes campos de espigas donde se cultivaban cereales como el trigo, recuerda.

Retrato de un grupo de mujeres en Cañada Real en una manifestación en el centro de Madrid en diciembre de 2020.
©foto cedida

Nos acusan de vivir en asentamientos ilegales, pero a la vez nos dan permiso de residencia, padrón, tarjeta sanitaria, y autobuses para llevar a nuestros hijos a la escuela. ¿Por qué de repente no podemos vivir aquí? ¿Por qué nos han permitido entonces construir nuestras casas y asentarnos aquí todo este tiempo?, se indigna.

Aquí  hay mucha gente que conozco desde que eran pequeños. Crecieron, se casaron y tuvieron hijos, y son todos buenos. Nos ayudamos entre nosotros siempre, las relaciones entre nosotros son muy buenas a pesar de las diferencias étnicas y culturales, recuerda esta mujer.

Luchar hasta ser escuchadas

En los pasados meses, personas residentes de la Cañada, la mayoría de ellas mujeres, se manifestaron en Madrid, en frente de la Consejería de Vivienda y delante del Ayuntamiento, por los cortes de luz, y corearon consignas como queremos pagar facturas, somos trabajadores, no somos criminales y sin luz no hay vida

Hasta ahora solo hemos recibido insultos por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Diaz Ayuso que nos ha acusado a todos de delincuentes, asegura Rahma. La situación actual en la Cañada Real es deplorable, tanto para los pequeños como para los mayores. Nadie sabe qué va a pasar, ni por qué está ocurriendo esto ahora. Nadie encuentra respuestas a sus preguntas

Nadie sabe qué va a pasar, ni por qué está ocurriendo esto ahora. Nadie encuentra respuestas a sus preguntas”

La mujer sospecha, como muchos vecinos, que tras el silencio acerca de los cortes de luz se esconden intereses económicos. La Cañada es una tierra que vale mucho dinero, muchos millones de euros. Seguro que hay muchas empresas interesadas en asentarse aquí y abrir sus proyectos. Creo que por eso nadie está intentando solucionar el problema, sino que se pretende mantenernos en esta situación para que las personas que habitamos aquí nos cansemos y nos marchemos a otro lugar, asegura.

Por su lado, Houda Akrikrez, activista residente en el sector 6 y presidenta de la Asociación vecinal Tabadol considera «indignante» que en la capital española «haya población de diferentes etnias, nacionalidades y creencias que llevan sin luz seis meses en medio de una pandemia. Recuerda que hay personas para las que la luz es una cuestión de vida o muerte, como quienes necesitan estar conectados a respiradores y recuerda que «dentro de las 4.000 personas afectadas por los cortes hay 1.800 menores”.

Ikram, que nació en Marruecos y creció en Madrid, trabaja en un laboratorio de análisis de COVID19 en la capital y vive en el sector 5 de la Cañada. Nunca imaginé que nos iba a tocar vivir algo como esto. Lo normal es que los niños vivan en un lugar donde se les pueda ofrecer comodidades y un espacio en el que crecer seguros, lamenta esta madre de tres hijos. Ahora, intento ayudar a mis hijos con sus deberes del colegio antes de que caiga el sol. Y voy regularmente a la lavandería para lavarles la ropa y que puedan ir al colegio con una imagen digna y presentable, explica pragmática.

En la Cañada Real siguen indignados ante esta situación anómala, sobre todo quienes tienen hijos y ven a los pequeños sufrir, pero eso solo alimenta su fuerza, aseguran. «Seis meses sin suministro eléctrico, seis meses de lucha, de resistencia y de tejer relaciones entre comunidades», destaca la activista Houda Akrikrez. Al menos, «estamos satisfechas porque hemos conseguido que la causa de la Cañada Real aparezca a diario en las redes sociales, en la televisión, en los periódicos (…) Hemos llegado a ser escuchadas y valoradas a nivel internacional. Solamente nos falta un poquito más de resistencia para conseguir uno de los derechos fundamentales humanos», asegura optimista. Las mujeres de los sectores 5 y 6 de la Cañada Real no se rinden: pese a todas las dificultades y desafíos, cada día luchan por un futuro mejor para ellas y sus familias. Y seguirán defendiendo sus derechos y los de su comunidad, insisten, hasta ser escuchadas.

Traducción y adaptación Ibrahim Rifi/ A.O.

En español

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