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Una familia siria con tres niños podría acabar en la calle, menos de un año después de ser reasentados en España

Una familia de refugiados sirios se enfrenta a ser expulsada del centro de acogida al que fue asignada tras su reasentamiento en España. Denuncian que el personal de la organización les ha advertido de que, si no consiguen encontrar una casa en alquiler en breve, no se harán cargo de su suerte, y ello, pese a las grandes dificultades para encontrar una vivienda en Lleida, donde residen.

“Fue una de las situaciones más difíciles de mi vida, cuando mi niña de seis años me dijo: ‘¿Por qué nos quieren mandar a la calle? No hemos hecho nada malo. Si lo van a hacer, que al menos dejen a mi hermano pequeño aquí. No quiero que duerma en la calle, es demasiado pequeño’». Abdul-Ghani Muhammad Al-Shaaban, sirio en la treintena, está desesperado. Junto a su mujer y sus tres hijos ( Dareen, de 6 años, Abdul Rahman, de 4,  y Ali, de 8 meses) llegaron a España a finales de septiembre de 2020 tras pasar por Líbano, como parte del programa de reasentamiento gestionado por ACNUR.

A finales de enero, pasados apenas cuatro meses desde la llegada de la familia de Al-Shaaban a la ciudad de Lleida, Cruz Roja, la organización encargada de su recepción y acogida en España, les comunicó que de no encontrar una vivienda en alquiler en los siguientes dos meses, el centro ya no se haría cargo de ellos, explica el hombre, originario de Alepo. «En ningún momento me han ayudado a encontrar casa. Yo aún no hablo bien español, algo que es imposible en tan poco tiempo, y me cuesta mucho comunicarme y lidiar con las oficinas de alquiler. Pero a pesar de eso, porque vine a España buscando estabilidad y una vida digna para mí y mi familia, he buscado sin cesar para poder conseguir un lugar que nos cobije».

Después de varios meses de búsqueda, todos los intentos de la familia por encontrar casa han sido en vano: las oficinas de alquiler les solicitan contratos de trabajo indefinidos y otras condiciones difíciles de cumplir para personas con tan poco tiempo en España. Mientras, Abdul-Ghani asegura que la organización continúa cada pocas semanas con sus “amenazas” de expulsarlos del centro donde se encuentran. “Ya no sé lo que voy a hacer. A mi esposa, a mis hijos y a mí no nos queda más remedio que acabar en la calle”, lamenta.

Baynana se puso en contacto con Cruz Roja, encargada de gestionar la situación de la familia a través de uno de sus centros afiliados en Barcelona, ​​con el fin de obtener su versión de los hechos. La respuesta fue que, de acuerdo con su política de protección de datos personales, no pueden brindar ninguna información al respecto.

Sin asistencia ni apoyo



El programa de asilo en España está gestionado por organizaciones no gubernamentales que, con fondos públicos, administran los centros de acogida y programas de atención a solicitantes de asilo, bajo la supervisión de la Secretaría General de Migración y con el apoyo de la Unión Europea. El propósito de este sistema es atender las necesidades de los solicitantes y beneficiarios del programa de asilo y protección internacional. Las organizaciones están encargadas de ofrecer a estas personas acogida y alojamiento, una ayuda económica, asistencia en la búsqueda y obtención de vivienda, y en la búsqueda y acceso al empleo, cursos de formación y educación, ayuda a la integración, tratamiento sanitario y psicológico, y apoyo en trámites legales y solicitudes de asilo. Pero en numerosos casos, estas distan mucho de cumplir con sus obligaciones, según denuncian personas beneficiarias.

Sarah (seudónimo), joven marroquí traductora voluntaria en una de las organizaciones humanitarias, fue asignada a la familia de Abdel-Ghani durante una de las reuniones con Cruz Roja y confirma a Baynana la versión de la familia siria. “Les dijeron que en dos meses tendrían que marcharse del centro si no podían encontrar una casa para alquilar” explica.

“Son buenas personas que sólo buscan estabilidad, pero no encontraron una mano amiga», agrega la joven, que se tomó la difícil situación de la familia como algo personal y decidió ayudarlos en su búsqueda. “Los acompañé como traductora, y llevamos meses buscando, pero no encontramos. La razón es la escasez de vivienda en esta zona, pero además, muchos propietarios cuando se enteran de que son personas refugiadas se niegan a alquilarles.”

Los problemas de los Al-Shaban no se limitan a encontrar una casa en alquiler. Abdel-Ghani explica que están obligados a comprar alimentos en un centro comercial específico y que los montos provistos por el programa (340 euros en el caso de una familia de 5 integrantes y 160 euros como dinero de bolsillo) no son suficientes para subsistir. Asegura que no ha recibido asistencia ni apoyo de nadie, y las presiones y amenazas que pueden llevarles a quedarse en la calle continúan.

Mónica López, directora de programas de CEAR, una de las mayores organizaciones que trabajan en la recepción e integración de refugiados, explica que los beneficiarios permanecen en los centros de acogida durante el período de presentación de su solicitud de protección internacional; solo si su solicitud de asilo es aceptada y la persona ha obtenido el estatuto de refugiado o la protección subsidiaria, sale de los centros de acogida. «Y nosotros, como órgano rector del programa, les ayudamos a encontrar una vivienda», añade.

Preguntada por la situación vivida por la familia Al-Shaban, muy similar a la de otros demandantes de asilo consultados por Baynana, López asegura que los centros tienen la obligación de seguir alojando a estas personas hasta que encuentren otra vivienda y que, de no lograrlo, únicamente estarán obligadas a abandonar los centros de acogida tras el período de 18 meses (para personas solteras) o 24 meses (18, más prórroga de 6 meses, para familias) que dura el programa de asilo.

Según las últimas estadísticas de CEAR, España otorgó protección internacional a 2.775 refugiados sirios en 2019 y a 1.200 refugiados en 2020 dentro del programa de reasentamiento que lleva a cabo el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Muchas de estas personas acaban abandonando España y marchándose a otros países europeos ante los obstáculos, a veces insuperables, que encuentran para construir aquí una nueva vida.


Abdel-Ghani hace un llamamiento para se transmita su voz y el sufrimiento de los refugiados. «No sé por qué nos tratan así”, lamenta. “Tenemos derecho a asistencia y alojamiento durante el tiempo que dura el programa. Si no nos quieren aquí, ¿por qué nos trajeron? Espero que nuestros problemas se resuelvan. Solo vinimos buscando una vida y un futuro mejor ”.

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