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El infierno de las cárceles libias contado por sirios detenidos en ellas

Las autoridades libias han detenido a 800 sirios durante los últimos cuatro meses en las cárceles de Trípoli, después de que fueran arrestados en el Mediterráneo mientras intentaban emigrar a Europa para escapar de una muerte segura en su país.

Abu Adnan trató durante un tiempo de vender toneladas de leña en la ciudad de Nawa, en Daraa, al sur de Siria, para así poder pagar a los funcionarios de la prisión de Ghouta al-Shaal, ubicada al oeste de la capital libia, Trípoli. Es un procedimiento obligatorio si quiere liberar a su hijo Ahmed, detenido por la Guardia Costera libia el 31 de julio en el Mediterráneo cuando se dirigía a Italia.

El hombre de 55 años decidió vender su leña más valiosa, que solía guardar para protegerse junto a su familia del frío invernal, y obtener una suma por la liberación de su hijo menor de 17 años, quien lleva tres semanas en una prisión en Libia afiliada al Gobierno de Acuerdo Nacional. El joven había partido por el Aeropuerto Internacional de Damasco hacia Trípoli el pasado mes de mayo con el objetivo de llegar a Europa, en busca de una vida más segura de la que dejaba Daraa, donde ha sido  testigo de asesinatos de forma continua.

Muchos jóvenes sirios han comenzado a abandonar el sur de Siria desde principios de este año, debido a la inestabilidad en la región y el temor a ser llevados al servicio obligatorio en el ejército del régimen y arrojados a los frentes de combate en el norte del país. Algunos venden sus objetos de valor para conseguirlo, y con ese dinero pagan a los contrabandistas en Libia para que los lleven a Italia y Malta en un barco a través del Mediterráneo.

Pero muchos ven su viaje interrumpido. Según el Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos, durante los últimos cuatro meses, la Guardia Costera de Libia arrestó a 800 jóvenes sirios mientras intentaban llegar a Europa cruzando el Mediterráneo desde sus costas. Estos jóvenes acabaron detenidos en cuatro cárceles de Trípoli: las prisiones de Al-Zawiya, Abu Salim, Ain Zara y la de Ghouta al-Shaal, donde se aloja el joven Ahmed. Su crimen, tratar de mejorar su vida por la única ruta que les queda. Una ruta mortífera y llena de peligros.

Persiguiendo y disparando en medio del mar

Walid es el seudónimo de un joven sirio de 24 años que se negó a revelar su nombre real por temor a las consecuencias a las que podría enfrentarse, debido a que aún se encuentra en Libia. Allí fue detenido por la Guardia Costera mientras estaba en medio del mar camino a Italia, en un barco que transportaba a 105 personas que lo acompañaron; todas ellas fueron llevadas al puerto de Trípoli y luego a la prisión de Al-Zawiya el 31 de julio.

A través de una llamada telefónica, este joven cuenta a Baynana los detalles de su arresto en medio del mar. Nos persiguieron y luego dispararon al motor de nuestro bote hasta que lograron inutilizarlo, después su barco se acercó y nos subieron a bordo, donde había otros 600 inmigrantes de distintas nacionalidades”.

Una vez en el barco, los guardacostas comenzaron a confiscar las pertenencias de los migrantes, como dinero, teléfonos móviles y pasaportes, y arrojar algunas al mar, según Walid. Luego, trasladaron a los migrantes a las cárceles de Trípoli en un viaje que duró 10 horas.

“El Gobierno italiano ayuda a la guardia costera libia a interceptar embarcaciones en el mar, sabiendo que las detiene ilegalmente en centros de detención sin la más mínima supervisión, además del maltrato a migrantes, violaciones, trabajos forzados y trata de personas”, explica la investigadora de la Fundación porCausa, Ana González-Páramo a Baynana.

La investigadora destaca que la Agencia Europea de Fronteras y Costas, Frontex, es una parte muy activa de este mecanismo, ya que envía información sobre la ubicación de los barcos en el mar Mediterráneo desde misiones de vigilancia aérea (drones) a la Guardia Costera libia, que a su vez comienza a asaltar barcos y devolver a los migrantes a los centros de detención en Trípoli.

Condiciones humanitarias nefastas dentro de la prisión

El Euro-Med Monitor dijo en un comunicado de prensa, publicado el día 12 de agosto, que los detenidos viven en muy malas condiciones humanitarias, señalando que son sometidos a violaciones que afectan a su seguridad y dignidad, ya que el sufrimiento comienza desde el momento en el que detienen a los migrantes. Señalan que la Guardia Costera libia intercepta las embarcaciones de los migrantes, golpeándolos y humillándolos, hasta que son enviados a centros de detención, donde no se respetan sus derechos humanos más básicos.

“Tenemos que comer toda la comida que nos ofrezcan para poder estar de pie”, señala elWalid. El único alimento que les dieron en prisión fue a las diez de la noche y consistió en un plato de arroz no comestible que tuvieron que compartir entre cinco personas.

Describe las cárceles como una especie de hangares construidos con bloques cubiertos de hierro, lo que aumenta el calor en el lugar y además provoca enfermedades a los presos, «nos contagiamos de decenas de enfermedades cutáneas sin ningún tipo de atención médica», comenta.

«Uno de mis vecinos murió con nosotros en la misma prisión, debido al hambre y las malas condiciones de salud a las que estábamos expuestos. Era del mismo pueblo que yo, su nombre es Mohammad Youssef Barakat, de 40 años . Recibí la noticia de su muerte seis horas después de salir de la cárcel, a través de amigos que se quedaron allí”, explica el joven.

En un comunicado emitido por el Observatorio Euromediterráneo, Youssef Salem, investigador jurídico del organismo, responsabilizó al gobierno libio de todas las prácticas arbitrarias que tienen lugar dentro de las cárceles y centros de detención que dirige.

La revista Baynana no recibió respuesta a una carta enviada al portavoz de los medios oficiales del Gobierno de Acuerdo Nacional en Trípoli, Mohammad Hammouda, en la que se preguntaba acerca de las detenciones y torturas a migrantes.

Cooperación europea con Libia

Un informe de Amnistía Internacional acusó a los países europeos de complicidad por ayudar a la Guardia Costera libia a interceptar a las personas en el mar y devolverlas al infierno de sus centros de detención, destacando que son conscientes de los horrores que sufrirán estos migrantes. Europa, por su parte, pidió el fin de la cooperación con Libia en el campo de la migración y el control de fronteras.

En el informe emitido el 15 de julio y titulado “Nadie te buscará: La detención abusiva de refugiados y migrantes desembarcados en Libia”, la organización denunció la detención arbitraria, la tortura sistemática, la violencia sexual a cambio de alimentos, el trabajo forzoso y la explotación que tuvo lugar en estos sitidos durante los primeros seis meses de 2021. La investigación también detalla experiencias de 53 refugiados y migrantes que fueron detenidos en centros controlados oficialmente por la Autoridad Libia Anti-Ilegal Migración.

“La Unión Europea es responsable de la barbarie de Libia por acción u omisión. Con su dinero se financian grupos armados que se lucran con los migrantes y estos delitos quedan impunes por la imposibilidad de reclamar responsabilidades y se exigir rendición de cuentas en la dinámica de la externalización fronteriza”, dice González-Páramo.

La investigadora informa de que abogados internacionales abrieron el camino para una apelación ante el Tribunal de Cuentas Europeo el año pasado, con el fin de  sentar un precedente sobre cómo la UE gasta dinero y facilita abusos contra los derechos humanos.

Trata de migrantes

Los precios que exigen los traficantes a cambio de la liberación de las personas detenidas en las cárceles varía según los testimonios de los migrantes que han estado en estas cárceles. Cada prisión tiene un precio diferente: en la prisión de Ghouta al-Shaal es de 1.200 dólares; en la prisión de Ain Zara, entre 600 y 800 dólares, y en la prisión de Abu Salim, 800 dólares.

Walid confirma a Baynana que él y sus colegas pagaron 850 dólares por persona a los agentes locales en la prisión, así como a los asociados con contrabandistas y funcionarios penitenciarios a cambio de su liberación. Considera que son una mafia que trafica con personas. 

Finalmente, tras una búsqueda de tres semanas, Abu Adnan pudo sacar a su hijo Ahmed de la cárcel libia en la que se encontraba, solo después de pagar a los contrabandistas unos 1.200 dólares. El joven tuvo que recibir tratamiento médico en la ciudad de Trípoli como consecuencia de las malas condiciones a las que estuvo sometido en prisión durante su detención.

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