INICIONUESTRAS HISTORIAS

De huir de la guerra a crear un negocio solidario en España

Yousef y Lian son dos sirios que cruzaron el mar desde Turquía hasta los campos de refugiados en Grecia y de ahí a España. En la actualidad han abierto un restaurante sirio en Zaragoza, y donan parte de sus ingresos mensuales a proyectos de apoyo a otros refugiados.

Lian, un joven de unos veinte años, nunca había pensado en dejar Alepo, su ciudad natal, la que le vio crecer. Pero eso fue antes de que las armas del régimen sirio bombardearan la universidad donde estudiaba a principios de la guerra siria en 2011. Esto cambió el curso de su vida: primero tuvo que irse a estudiar al Líbano, luego regresó a Siria por un período corto, luego a Turquía, y finalmente cruzó el mar hacia Grecia. Allí trabajó como traductor de árabe e inglés en los campos de refugiados y conoció a activistas españoles, gracias a los que supo más de la cultura de un país del que terminó por enamorarse y en el que tiempo después, en 2016, pidió asilo encontrando así su nuevo camino.

Yousef Shahibar (27 años) y Lian al-Ahmad (26 años) son dos jóvenes refugiados sirios asentados en España. Como miles de jóvenes sirios, se vieron obligados a abandonar su país para escapar de la guerra y poder salvar su vida, por lo que se echaron al mar hasta llegar a los campos de refugiados en Grecia. Ambos se conocieron en España por casualidad, compartían el amor por su tierra y por la cocina siria y las tradicionales formas de servir la comida. Así pues, hace unos meses decidieron abrir su propio restaurante en Zaragoza. Como no podían olvidar a los refugiados con los que compartieron techo y comida en los campamentos en los que vivieron, acordaron destinar un porcentaje de las ganancias de su proyecto a otros proyectos que apoyasen a los refugiados.

En España, Lian conoció a Yousef, procedente del centro de Alepo, quien eligió desde el principio dejar su país partiendo hacia Turquía, obligado a llevar una vida de asilo y refugio en lugar de vivir en su país aplastado ya por la guerra. Durante cinco años trabajó con gran diligencia cosiendo ropa y después, debido al aumento de las presiones sobre los refugiados en Turquía, Yousef decidió cruzar el mar para probar suerte en Grecia, desde donde fue reasentado en España a través de las Naciones Unidas en 2016.

Comenzar es más difícil si eres refugiado

En declaraciones a Baynana, Yousef dice: “Los comienzos siempre son difíciles cuando estás en un país nuevo, y si eres refugiado es más difícil aún, ya sea aquí, en España, o en cualquier otro país. Conocer gente lo hace más fácil”. Conoció a Lian y al principio ambos se buscaban la vida en la calle, en contacto con trabajadores humanitarios que ayudaban a las personas refugiadas en España y Grecia.  “Comenzamos a ayudarlos en la cocina y haciendo todo lo que podíamos», cuenta.

Lian comenta: «Nos unimos a equipos que trabajaban para ayudar a los refugiados en Aragón y Zaragoza. Estos equipos estaban trabajando para recibir refugiados, además de recoger algo de ayuda y enviarla a los campamentos de Grecia».

Yousef y Lian intentaron trabajar con estos equipos que reciben a los refugiados a través de un pequeño puesto, en el que preparaban comida popular siria como una de las iniciativas llevadas a cabo para apoyar a los refugiados en Zaragoza y en algunas otras regiones españolas. Ambos estuvieron en esta situación durante tres años, tras los que dieron el gran paso al mercado laboral, trabajando así en muchos restaurantes privados de Barcelona, ​​Sevilla y otras ciudades. Su objetivo estaba claro: recaudar una cantidad de dinero suficiente para abrir su propio restaurante, y, después de cinco años de mucho trabajo en España, lo consiguieron.

Afirman que hace unos meses comenzaron a obtener licencias del municipio, y con su esfuerzo personal y el apoyo de un grupo de amigos españoles, consiguieron alquilar un espacio. Tras prepararlo y organizarlo todo, finalmente abrieron el restaurante Syriana hace tres meses. Así lograron arrancar un proyecto diferente, y según sus propias palabras, maravilloso.

Sentimientos de miedo y alegría

“Nuestros sentimientos en ese momento eran de miedo a no lograr el éxito, por nuestra condición de refugiados en un país que no es el nuestro”, dice Lian, y Youssef confirma sus palabras. “Cuando vemos las reservas llenas en nuestro restaurante, después de solo tres meses, nos sentimos orgullosos y felices”.

«Incluso las reacciones y los comentarios en las redes sociales han sido positivas», dice Youssef, sonriendo. Lian señala: «Lo que contribuyó al éxito del restaurante fue el círculo de conocidos que tenemos y el método de preparación de la comida, así como la notable forma de presentarla. A la gente le gusta probar todo lo que es nuevo, tenemos mucha demanda de comida siria. Nuestro restaurante es ahora uno de los restaurantes más populares de Zaragoza”.

Están muy contentos con la participación de la comunidad de acogida en el proyecto. Además, sienten que están activos en el país que los recibió como refugiados, y que ahora están contribuyendo a través de su proyecto a mejorar su economía. Todo ello sumado a su gran satisfacción personal, pues su restaurante representa una buenísima imagen de la cultura e identidad de su país de origen, así como de los migrantes y refugiados en general.

Un proyecto rentable y solidario a la vez

Los dos jóvenes decidieron donar el 5% de las ganancias mensuales del proyecto como comienzo, y aseguran que, si el trabajo aumenta, también aumentarán este porcentaje. Youssef dice: “Vimos con nuestros propios ojos lo que sufren los refugiados en los campamentos griegos, porque vivimos allí, así que antes de iniciar el proyecto nos comprometimos a donar el 5% de las ganancias de nuestro proyecto a otros proyectos que se ponen en marcha para ayudar a los refugiados, y de hecho, cuando empezamos con nuestro restaurante así lo hicimos».

Restaurante Syriana en Zaragoza

Lian también comenta sobre esto: “Trabajar con refugiados allí en Grecia me afectó mucho, y decidí que si alguna vez establecía mi propio negocio, asignaría una ayuda mensual y fija para los refugiados. Ahora lo hacemos a través de organizaciones que trabajan en proyectos en estos campamentos, colaboramos con ellos como podemos, y nuestra condición solo es que dichos proyectos se dediquen a ayudar a otras personas refugiadas».

Según los dos jóvenes, la cantidad que pueden ofrecer es pequeña, y puede que no cambie nada, pero esperan que esta idea se traslade a otros proyectos más grandes, a través de los que pueda crecer y desarrollarse más, para que acaben aportando un 5% como ellos, o quizás más de su rendimiento mensual.

La ambición no termina aquí

Yousef, quien se describe a sí mismo como un comerciante de la histórica ciudad de Alepo, repleta de vendedores y fábricas, tiene el sueño de volver a su país, a pesar de todo lo que continúa sucediendo allí, pero la situación actualmente se lo impide. Para él «siempre hay esperanza”.

En cuanto a Lian, estudiante de Derecho y Política, dice: “Sí, volveré a Siria, por supuesto, pero tengo un proyecto político” y bromea “quiero volver a Siria sólo como presidente”.

Los dos socios y amigos desean ir desarrollando cada vez más su trabajo y contratar a otros trabajadores.  De hecho ya han comenzado a hacerlo, ya que han iniciado un nuevo proyecto, además del restaurante que abrió recientemente y en el que ya han contratado a una tercera persona: se trata de una carnicería para la venta de carne halal en la región de Zaragoza, con el que también destinarán el 5% de sus ingresos mensuales a los refugiados.

Sin embargo, todavía no están satisfechos, se muestran ansiosos por abrir otros negocios y confirman su buena predisposición para cooperar con otras personas trabajando en cualquier otra iniciativa, siempre que parte de sus ganancias vaya en beneficio de los refugiados. «Estamos dispuestos a apoyar cualquier idea similar que pueda ayudar a otros», dice Lian.

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