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“Tenemos que pedir a Europa que con nuestro dinero no se externalicen las fronteras”

La directora de la película Cartas Mojadas habla sobre las dificultades que enfrentó mientras la realizaba, el impacto de este trabajo sobre la migración en las sociedades, y reflexiona sobre por qué los migrantes son retratados como víctimas o la cobertura de prensa de la situación de los migrantes en Libia.

Se hizo un silencio durante unos segundos en todo el salón de actos del Centro Cultural de Toledo, tras la proyección de la película Cartas Mojadas. Decenas de espectadores estaban conmovidos; algunos rompieron en llanto fuera del auditorio. La cinta de ochenta minutos narra el sufrimiento de los migrantes que intentan llegar a Europa después de tomar las rutas marítimas más peligrosas en pateras del Mediterráneo y destaca la labor de la ong Open Arms, en el que estuvo a bordo.

Una de las razones que impulsó a su directora Paula Palacios a dedicar a esta película cinco años es que, a su criterio, a la gente no le importa ni afecta lo suficiente el tema de la migración. Cree que contar una historia en el cine durante una hora y media será diferente de contarlo en una noticia.

Palacio contactó con los protagonistas en terreno:“Nunca ha sido desde Madrid por teléfono. Siempre he estado encontrándome con las personas”. Unos de los sitios donde ha estado es Libia, uno de los países más peligrosos en la ruta migratoria y donde ella dice que sufrió malos tratos por parte de las mafias. 

¿Cómo surgió la idea, cuáles son las dificultades más importantes que encontraste mientras preparabas este documental?

Llevo mucho tiempo haciendo documentales sociales sobre temas de migración principalmente. Me di cuenta de que la gente está un poco cansada de este tema, ya no hay impacto en la sociedad cuando ven en las noticias una catástrofe o una patera que se ha hundido: las personas no reaccionamos igual. 

Sin embargo, cuando te sientas en una butaca de cine y estás una hora y media concentrado en la historia, creo que el mensaje llega diferente. Por eso, pensé en hacer una película un poquito más ambiciosa, que estuviese estéticamente muy cuidada, a pesar de ser un tema duro y grabado en sitios de mucha dificultad.

Mi idea era  abordar la llegada a Europa, el viaje por mar, y me planteaba grabar los países de origen Empecé en Lesbos, pero cuando iniciamos el rodaje se cerró la frontera entre Turquía y Grecia, y todo nuestro plan se tuvo que cambiar. No quiero que la gente piense que eso se cerró por completo, pero sí se cerró aquello que empezó en 2015 de la llegada masiva.

Decidí embarcarme en un barco de una ONG que operaba en el Mediterráneo central. Por el cierre de este paso fronterizo, empezó a organizarse la sociedad civil para hacer el trabajo que no estaba haciendo la Unión Europea. Me subí a bordo del Open Arms, pero realmente no terminé de decidir cuándo y cómo acabaría la película, hasta que una noche hubo un encuentro con los guardacostas libios que me dejó muy impactada. Fue cuando decidí que quería subirme a bordo de un barco de guardacostas libio para poder ver ese lado de la historia.

¿Cómo contactaste con los protagonistas? 

La primera historia que muestra la película en Lesbos fue la llegada de una patera. Nos acercamos a esa familia (en concreto a la madre, que es la que nos cuenta la historia) y le planteé si quería participar en el documental. Luego, en Libia, hay otra persona que cuenta un testimonio y eso fue a través de la gente que me ayudaba allí, los fixer.

Recibimos de vez en cuando información sobre las desapariciones en el Mediterráneo, pero no llegamos a saber el destino de las personas que desaparecen. ¿Tienes algo que contar al respecto, desde tu experiencia como periodista?

En la misión que vi, que se ve en la película, hay personas fallecidas y estaba a bordo del Open Arms el director, Òscar Camps, que tenía muchísimo empeño en que los cuerpos llegasen a Europa. A mí me impactó mucho. Entendí que el cuerpo que no llega no cuenta. Al final, esto es lo que cuenta Cartas mojadas, muere muchísima gente en el mar y no podemos saber cuántos son, porque solamente se cuenta la gente que llega. Los que no llegan son personas desaparecidas que no están sumando en las listas de los despachos de Europa.

Esto me tiene preocupada porque es verdad que en los últimos años se escucha mucho que las políticas migratorias están teniendo efecto, que funcionan, puesto que está llegando menos gente. Claro, pero, ¿a costa de qué? Probablemente de que mueran más en el mar. Y probablemente también, como se ve en Cartas Mojadas, de que les torturen, maltraten, incluso maten en países como Libia.

Una parte del documental cuenta la situación de los migrantes en Libia. ¿Crees que la cobertura en los medios de comunicación sobre esta situación es suficiente?

La parte de Libia no está cubierta para nada y yo creo que es en el interés de las políticas de la Unión Europea: que no se sepa lo que se está haciendo con nuestro dinero. A mí me impactó muchísimo en Trípoli, después de haber estado en Beni Walid, en un centro de ACNUR, un refugiado eritreo que iba cojeando porque había huido de [la cárcel de] Beni Bali y le habían dado un disparo la mafia, pero había conseguido huir. Iba cojeando, me miró y me dijo: ‘Claro, es que si a ti te pasa algo van a venir con botes, va a venir la ONU, te van a rescatar. Pero es que nuestros hermanos están muriendo igual y tú lo has visto y aquí no viene nadie’. 

Esto lo saben en Europa. Esto se sabe a pequeña escala. Lo sabe quien lo tiene que saber. No lo sabe la sociedad civil lo suficiente, para eso yo he hecho la película.

Mamadú, un migrante habla su experiencia en la charla del documental en Toledo. Okba Mohammad

¿Qué aporta este trabajo de contar historias a través de documentales como este, y hasta qué punto tiene impacto en la sociedad?

Cada vez soy más pesimista, puesto que la película tardé cinco años en hacerla.  Desde que llevo haciendo documentales sobre migración, realmente he visto una evolución a mal, no Ucrania, a pesar de que se haya tratado de forma distinta. También son muchos más millones de refugiados que se suman a la lista.

Yo por eso lo hago, es mi manera de aportar, pero creo que tienen un poso a largo plazo. A mí me hizo mucha ilusión cuando estrenamos la película que vino mucha gente joven a verla, gente joven sola, y veía su cabreo, su molestia y las ganas de hablar que saltaron en el coloquio y dijeron, ‘es que se habla de Europa todo el rato, pero es que Europa también somos nosotros’. Yo quiero llegar a esos despachos y cambiar las cosas yo busco con mi documental.

Tenemos una posición a veces relativamente cómoda o frustrada. . La otra parte del mundo que no entiende y que no está de acuerdo con la migración y que todos nos intentan comer la cabeza, con que vienen a cogernos el trabajo y estas cosas y que vienen a criminalizar y con violencia, etc… No tenemos que poner la responsabilidad en ellos y ellas, creo que tenemos que ponerlo en nosotros y hacer algo más, salir a las calles, pedir a Europa responsabilidad, que con nuestro dinero no se esté externalizando las fronteras. 

¿Por qué hay personas que aún miran hacia otro lado?

No lo sé. A mí me supera el tema. Quiero pensar que hay gente o conozco gente que sí le interesa, pero mira para otro lado porque piensa que no puedo hacer nada. Y aunque suene muy naif, creo que todos podemos hacer algo a nuestro pequeño nivel.

Puede ser saludar a una persona, a un mantero, por ejemplo. Humanizar a las personas, no ponerlas todas bajo el mismo criterio. Y dentro de los migrantes y los refugiados hay de todo, como en Madrid, como en mi casa, como en mi familia, en cada grupo de personas hay de todo, de gente más humilde, menos humilde, con más o menos ambición, con más o menos perversión, más o menos violenta… Hay que humanizar y poner una historia detrás de cada persona. 

Una patera llena de migrantes en el Mediterráneo Central. Cartas Mojadas 

El relato sobre las personas migrantes siempre es el relato de víctimas, ¿qué piensas sobre esto?

Es algo que me preocupa también, creo que a veces no está ayudando ese relato a que la gente, que también entiendo que tienen muchos problemas en su día a día, le apetezca empatizar. Yo me he encontrado con personas que dicen, ‘uf, yo es que bastantes problemas tengo como para ponerme una película tan dura durante una hora y media’, y también lo puedo entender. A veces tenemos que buscar historias más positivas y yo en ese caso estoy en ello. Como próxima peli, que es una historia positiva.

¿Habéis podido mantener el contacto con los protagonistas del documental? ¿Dónde están ahora mismo, qué es lo que pasó con ellos al final? 

Sí, hay una mujer que sale en Liz, que tiene una historia muy dura. Consiguió llegar después de un primer intento en patera que fue devuelta por los guardacostas libios a Libia. Eso fue antes de que yo la conociese. Acababa de ser devuelta, perdió a su bebé, como cuenta en la película, pero luego lo volvió a intentar con otro bebé que tuvo en Libia. Consiguió llegar con su bebé y está en Europa ahora. Ha tenido un segundo bebé. Está muy bien y es una buena noticia. 

¿Nos puede decir cuál es su siguiente documental?

Es la historia de un niño somalí de 14 años que conocí en Ucrania en 2011, cuando fue encarcelado por la simple razón de intentar cruzar la frontera entre Ucrania y la Unión Europea. Y tuve acceso a esa cárcel, a ese centro de detención, y estuve siguiéndoles desde ahí hasta durante diez años. Llevo diez años haciendo la película y es una historia también de mí, de nuestra historia de amistad. Por eso se llama Mi hermano Ali.

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