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El viaje de la muerte desde Sudán hasta el muro de Melilla

Bashir y Bilal, dos amigos de Sudán que huyeron de la guerra en su país y se reencontraron en la ruta migratoria de Marruecos, lograron entrar el pasado viernes en Melilla con otros 131 migrantes. Tuvieron un trayecto accidentado y presenciaron el asesinato de sus amigos en la valla.

Los sueños de decenas de migrantes se esfumaron con su asesinato en la frontera de la ciudad de Melilla. Hoy se cumple una semana de la masacre ocurrida en el muro que separa Europa y África contra decenas de migrantes que huían de las guerras en sus países en busca de una vida digna.

España se despertó el pasado viernes con un desastre humanitario en su frontera sur, cuando casi 1.300 migrantes intentaron cruzar a Melilla en masa. Varios medios de comunicación informaron de que unos 37 migrantes murieron al intentar escalar la valla de seis metros de altura. Pero Bashir, que logró entrar en Melilla, no está de acuerdo con el relato de algunas publicaciones y considera que gran parte de la información sobre el incidente es falsa. Él cree que los muertos pueden ascender a más de sesenta, porque muchos de los que intentaron entrar siguen desaparecidos. «No tenemos contacto ni sabemos  nada de ellos, es posible que hayan sido asesinados o detenidos».

Bashir Jalal, de 20 años, de la ciudad de Nyala en la región de Darfur al oeste de Sudán, salió de su país en agosto del año 2020 rumbo a Libia; con el objetivo de llegar a Europa en busca de una vida digna. “Quiero vivir como un ser humano, como cualquier otro ser humano […] El gobierno sudanés me margina, no me considera una persona. No somos nada para ellos”.

Cuando le preguntamos por Libia, una parada obligada para muchos migrantes incluidos los sudaneses, el joven dice que “allí no hay humanidad, pero debes soportar las dificultades si tu objetivo es llegar a Europa”. Esto es lo que le sucedió a su paso por Libia y Marruecos, donde sufrió racismo, fue insultado, golpeado, y encarcelado. Describe que en estos países luchan contra la migración de “manera violenta” y que quienes lo hacen “son personas enfermas, porque la migración existe desde hace cientos de años”.

Los migrantes se ven obligados a trabajar en Libia para obtener dinero sin el cual es imposible entrar en Marruecos. Bashir pasó por este trámite. Trabajó y recaudó dinero para, finalmente, llegar a Marruecos en octubre de 2021. Desde allí intentó entrar a España varias veces, pero fracasó. Sus primeros intentos fueron en las inmediaciones de la frontera de Ceuta. El chico explica que, en el lado marroquí más cercano a Ceuta, el trato del ejército es completamente diferente al de los que luchan contra la migración en Nador, en la frontera de Melilla. «El pueblo marroquí es bueno, pero el gobierno es malo, no podemos agradecerles este trato tan duro contra los migrantes». Bashir fue arrestado en noviembre de 2021. Describió su estancia en la prisión de Nador  como «muy mala e inhumana, donde había insectos, piojos, etc.».

Bilal Ahmed Adam (19 años), amigo de Bashir y de su misma ciudad natal, decidió emprender su camino a Europa siendo muy joven, debido a la guerra en su país. Partió hacia Libia a finales de 2019, cuando tenía  16 años. Se dirigió a Marruecos con el objetivo de entrar en España. «La vida era difícil en Marruecos, dormí en la calle durante cinco meses”. Intentó entrar dos veces. En el último intento, se rompió una mano y una pierna tras ser perseguido y golpeado por un militar marroquí.

Foto ilustrativa del joven Bilal Ahmed Adam, herido en la mano como consecuencia de un ataque del ejército marroquí en uno de sus intentos de entrar a España. Cedida

Jueves por la mañana: Asalto a la montaña

Un día antes del avance colectivo de migrantes hacia la frontera, en la mañana del jueves 23 de junio, y tras vigilancia aérea, fuerzas marroquíes atacaron las montañas de la ciudad de Nador, donde habitualmente residen y se concentran los migrantes (Nador es la ciudad marroquí limítrofe con Melilla), para expulsarlos. “Fuimos atacados por las fuerzas marroquíes, y golpearon a mucha gente […] Dispararon balas de goma y una de las personas que conozco resultó herida […] se llama AlTayeb”. Los jóvenes migrantes intentaron pedir ayuda para atender al herido y la respuesta fue: “Tenéis 24 horas. Si os vais atenderemos al herido, pero si no os marcháis de aquí, lo dejamos morir”. 

Bashir explicó, durante una entrevista por teléfono con Baynana, que los aviones estaban monitoreando la concentración de migrantes desde arriba antes de que aparecieran las fuerzas marroquíes, estimadas en 500 soldados de la Gendarmería Real. «Estaban organizados en grupos». Después, se produjo el enfrentamiento entre ellos y los migrantes. “Tiraban piedras a los migrantes, los apuntaban con armas y los pegaban (…) Hay una persona que perdió  un ojo como consecuencia de la herida (…) Las ambulancias escoltaban a los soldados para rescatarlos en caso de que resultaran heridos (…) Si un migrante herido iba a la ambulancia, lo golpeaban”.

Pocas horas después del ataque, los soldados se vieron obligados a retirarse de la cima de la montaña debido al cansancio, dijo Bashir.

Las fuerzas atacantes encabezadas por la Guardia Real, según los dos jóvenes, pedían a los migrantes que salieran de la montaña a la una de la tarde, aunque tampoco  les permitían quedarse en las calles de las ciudades y dormir allí a la noche. “Los migrantes que se quedan en la calle son arrestados y encarcelados o deportados a otros lugares”, informa Bilal con voz cansada, desde su nueva residencia: el CETI de Melilla. Muchas personas migrantes, incluidas mujeres y niños, viven en campamentos en estas montañas en condiciones infrahumanas, pasando hambre y enfermedades, y desde donde piden ayuda sin respuesta.

Tras la retirada de la Gendarmería, entre la una y las seis de la tarde, los migrantes comenzaron a recoger y compartir los alimentos que tenían para prepararse físicamente antes de emprender rumbo a la frontera. “Este viaje no se puede hacer con el estómago vacío”, dice Bashir. El joven explica que todo migrante africano en esta región conoce los lugares de reunión de los migrantes, esté en contacto con ellos o no, y eso fue lo que facilitó el proceso de preparación antes de partir.

El cruce mortal

A la mañana siguiente, viernes, la multitud de migrantes, unos 1.300 según Bashir, partió hacia la frontera. Sin embargo, las fuerzas marroquíes empezaron a dispararles balas de goma, piedras y gases lacrimógenos, lo que provocó el violento enfrentamiento En él resultaron heridos también decenas de migrantes y soldados marroquíes, según anunció el gobierno marroquí.

«Hay personas que fueron asesinadas a causa de los fuertes golpes que recibieron en el muro, y esto es un asesinato premeditado», dice Bashir con tristeza. En ese contexto, los medios de comunicación publicaron datos contradictorios sobre el número de muertos. Unos reportaron la muerte de 23 y otros 37. Naciones Unidas llamó el martes pasado a una investigación independiente sobre las circunstancias del suceso, En concreto, el portavoz de la organización, Stephane Dujarric, denunció que Marruecos y España habían recurrido  al «uso excesivo de la fuerza» contra los migrantes.

En respuesta a Baynana, el Ministerio del Interior señala que «la Fiscalía española ha abierto una investigación, lo que impide investigaciones administrativas al tener prioridad la de la Fiscalía».

Baynana se puso en contacto con la Embajada de Marruecos en Madrid pero no recibió respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Después de pasar cuatro alambres de púas y un agujero, los dos jóvenes y varios de sus amigos pudieron atravesar el muro no sin antes ser golpeados por las fuerzas marroquíes y españolas. Los jóvenes sienten una mezcla de alegría y tristeza. Para Bashir, entrar en Melilla se asemeja a la alegría de ganar la Champions League.

Los jóvenes pasaron algunos días en cuarentena, pero la responsable jurídica de CEAR, Marta Llonch, confirmó a Baynana que terminaron la cuarentena el miércoles y participaron en la concentración organizada frente al CETI  la noche del miércoles para condenar el asesinato de sus amigos. Marta indicó que la Policía Nacional acudirá al CETI a partir de este jueves para darles fechas para iniciar el procedimiento de asilo.

Llonch explicó que es difícil saber cuánto tardarán en dar respuesta a sus expedientes. Aunque el plazo legal es de seis meses, a veces la respuesta tarda más de dos años.

Bilal y Bashir alcanzaron su objetivo, pero no así su compañero de viaje Haneen. Es uno de los sudaneses que perdieron la vida en la frontera. «La alegría nos dura hasta que recordamos que nuestro amigo fue asesinado», concluye Bashir.

En español

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Okba Mohammad

Cubrió la guerra en el sur de Siria de 2015 a 2018 con medios locales. También se ha dedicado a documentar violaciones de derechos humanos de detenidos durante el conflicto. En 2019 trabajó como corresponsal independiente en Turquía y posteriormente viajó a España, donde ha colaborado con medios como Global Voices y el diario Público. Actualmente trabaja como reportero en Baynana
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